Segundo bus a casa. La ventana del bus abierta y el viento reventando en la cara, lo que impide llorar. Segundo bus, trecer transporte. De tu casa en carro a la parada del bus: acá para el bus, ahorita pasa, pasan cada quince minutos... Ciao! -Ciao!. Bajarse del carro, cruzar la calle, volver a ver al carro y una despedida de lejos. Esperar el bus, mientras la mañana está violada por un sol quemante. Mientras el feriado patrio llena de melodías el aire. Todo el mundo celebra ser independientes de España. Y yo más dependiente que nadie de todo.
En un bus se pueden pensar tantas cosas, tantas y hasta el hecho de ¿por qué irás vos en tu carro para la casa de tus padres y yo no voy en el asiento del frente a tu lado?. Pero es cierto, la respuesta la tengo yo, al fin y al cabo fui yo el que decidí, fui yo el que quiso que esto pasara de esta manera, fui yo el que quiso experimentar, encontrarme. Fui yo el que quiso que en este momento no estuviera tan bien como quisiera.
"A veces", me respondiste de noche, sin una mirada directa, con la mirada perdida en el suelo o en una foto que me alegró ver. Tanto me alegró. Pero las miradas terminan siempre en el suelo, y mis miradas terminas en las mejillas llenas de lágrimas. Yo dije "nunca", pero vos dijiste "a veces".
Simplemente no quise pensar para dónde va esto, por qué hacemos esto, por qué te busco e indirectamente me buscas. Por qué necesito estar con vos, ver tus perfiles en lo que sea. Búscote, necesito.
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