lunes, 21 de septiembre de 2009

home

Gabriel fue a su casa. Gabriel viene de un pueblo en la parte rural del país, pero a la edad de 20 años se independendizó y vive sólo en San José, donde pertenece.

Fui a visitar a mi madre, me la encontré en su trabajo y me quedé con ella hasta que terminara. Hicimos una cena, una cena deliciosa, una cena planeada. Cocinamos en casa, hablamos en casa, alguna discusión efímera se perdió en la necesiadad de simplemente ser madre e hijo. Madre semi orgullosa de su hijo, pero al fin de cuentas madre. El campo es muy silencioso, la casa de mi madre se ha vuelto sumamente silenciosa, ya no es lo mismo. Los juegetes descansan quietos en una caja de lata, de donde no salen, tan sólo con los afanes de algún recuerdo. Pero no más. La casa se tornó grande para mi madre, ella vive sóla ahí... sóla. Mi hermana y yo nos hemos marchado, pensando en alquilar algún tipo de felicidad en otro lugar lejos de ese pueblo.

Pueblo maldito de mierda. Cuántas veces me hizo llorar ese pueblo, lloré con sus burlas, con sus insultos, con hacerme sentir mal. En el colegio algunas personas me molestaban, cuando camino por algunas calles todavía alguien se atreve a decir algo, a gritar algo. Que tan traumatizante puede ser para una persona que no es heterosexual vivir en un pueblo pequeño, rural y conservador. Debes salir corriendo de ese lugar y venir a fundirte en la ciudad.

Almorcé con algunos de mi amigos de allá. Una va a tener un bebé, es impresionante para mí, me han contado que alguna gente se ha casado. ¿Casado? Sí... casado. Sumamente traumatizante volver a ese pueblo que no se mueve... ni siquiera un parte pequeña de su pensamiento, no se mueve. Es terrible. Los amigos cambian tanto. Algunos me preguntan cosas que me niego a responde, para alimentar el morbo.

Volví a casa. Feliz. En serio. No soy parte de ahí. No soy parte de ese pueblo. Yo soy cuidad. Amo este color gris y este enfermizo olor a smock. Progreso con la cuidad y tengo problemas con la cuidad. Me estanco como la cuidad, me pierdo como ella. Me río como la cuidad y lloro amargamente como ella. Pero acá la indiferencia de todos es una arma de sobrevivencia, en el pueblo la excesiva condescendencia me mata a puñaladas lentas.

Que raro pensar que esto es casa. home.

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