Caminaba como siempre del trabajo a la casa, por donde se pasa todos los días. Cruzar el parque de suroeste a noreste. Siempre la misma historia. Cruzar el parque. Pensar en las bancas del parque siempre con gente creyendo que se ama, pero es mentira, en realidad no se aman unos a otros, se aman a ellos mismos y bueno, uno simpre cree que es diferente.
No regresar por ese parque. A veces quisiero que pase eso. Ese días lo leí en su estado y ya lo presentía en el aire. Casi cuatro meses han pasado desde que yo, Gabriel terminé con él. Tantas cosas han pasado. He descubierto tantas cosas, tantas cosas de mí mismo. El mejor tiempo para que me conociera, ahora entiendo porque la vida hace algunas cosas.
No regresar, lo decidí. A los momentos de inseguridad, a los miedos cuando no llegaba, a pensar en por qué estaba sólo algunos fines de semana cuando debería estar conmigo. Ya no quiero regresar a revisar el celular, los mensajes que me hacían dudar. Ya no regresar a sentir que todo en la vida se puede resumir en los sentimientos que se tienen a una persona. No regresar. No más.
Caminé por ese parque pensando en eso. Con mi mirada puesta en el horizonte interrumpido por un edificio, en esta ciudad todo está interrumpido. Caminé de nuevo y no ví para atrás porque ya sabía lo que había, ese parque, el parque Morazán no se movería, siempre estaría ahí. Mañana no regreso al parque, no paso por ahí, porque es sábado.
Gabriel crece y sabe que no está preparado. Camina con unos pasos cada vez más seguro aunque no sabe si volver a ver para atrás significa que no quiere volver o que le da miedo ver lo que perdió por la necesidad de encotrarse a sí mismo, pero esa es la naturaleza de Gabriel. Gabriel es complicado, mucho, rodeando la locura. Y camina por la cuidad pensando un poco en él, pensando un poco en qué estará haciendo, con quién estará riendo... pero no importa, ésta historia es de Gabriel, no de él.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario