jueves, 17 de septiembre de 2009

el mensaje de buenos días

Eseperar el bus en la mañana, como todos los días para ir al trabajo. Esperar el bus en el mismo lugar. Todos los días de lunes a viernes, con la ausencia merodeando. El teléfono celular es el arma de doble fijo, de un lado con más filo que otro. "Espero que hoy tengas un buen día. Abrazo", mensaje enviado.

Mensaje recibido y una leve sonrisa, del mensaje que tal vez te despertó. Tal vez viste la foto que tienes en tu biblioteca, tal vez la viste y te acordaste más de mí. Tal vez me odiaste tanto como para cruzar la delgada línea que divide eso de amar. El arma se volvió a utilizar trataste de ser lo más neutral posible: "Gracias, igualmente :D". Neutral, como para no mostrar más interés del que se debe mostrar. Los mensajes no deben ser lo suficientemente delatores como que describas algunas cosas que ya sé.

Pero yo continúo en el bus para el trabajo. Alguna mirada sobre mi hombro me incomoda. Ya son normales, la gente me mira y yo me siento incómodo, no quiero recibir esas miradas, ya me tienen cansado. Espero cruzarme con algunos ojos verdes, estampados en la piel blanca y el pelo castaño claro que yo mismo dejé perdido en las montañas de una tierra lejana, de una tierra de Oeste.

Es hora de bajarse del bus, caminar las dos cuadras hasta el trabajo, entrar al trabajo y creer que esto pudiera suceder, que esa historia podría tener un giro, podría llover un poco de nuevo y hacer sol y formarse de nuevo el arco iris, flocerer el jardín y sonreír de nuevo.

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