domingo, 11 de octubre de 2009

ir al cine

Gabriel fue al cine, pero ésta vez fue diferente. Como siempre cambió la ropa en el último momento, pero siempre lo contempla dentro del tiempo. Salió del apartamento. Por tres pasos lo dejó el bus que lo dejaría cerca del centro comercial. Corrió un poco, pero de igual manera lo dejó el bus. Ni modo, caminar y para no perder la función de 6.15, mejor tomar un taxi. Tomó un taxi, le hizo una pregunta al taxista y se asustó, pero hasta una recomendación le dió el señor, le dijo: compre muchas palomitas de maíz y coma.

Llegó al lugar. Compró el boleto. La película La propuesta. Mientras tanto, dar una vuelta mientras empieza porque como siempre le sobró excesivo tiempo, una vuelta por aquí, otra por allá. Entró a una tienda donde podría comprar alguna tontería, pero no había nada que le gustara. Antes de entrar al cine notó, en los pasillos del centro comercial, que muchas manos caminaban agarradas, muchas manos en pares. Nunca se había percatado de ello, pero es que este día él lo notaba mucho. Por fin entró a las salas de cine. Unas palomitas medianas dulces y una soda sin cafeína. Entró y ahí estaba. Sí, ahí estaba un asiento vacío y otro a la par, vacío también. Se sentó Gabriel. Se sentó y tuvo miedo. Una pareja a la derecha y una familia a la izquierda. Risas la películas, algunas lágrimas como siempre.

Los créditos de la película suben, mientras tanto la gente sale. Gabriel salió y caminó por el Centro Comercial hacia la salida. Vió una pareja de gays conocidos y lo extrañó, como nunca. Tomó un taxi de regreso, la dirección de regreso fue confusa, no se la pudo decir bien al taxista, pero al fin llegó. Lloró antes de entrar al apartamento. Llamó a Andrés y lloró explicandole lo que sucedió. Terminó la llamada, entró al aparta, cerró la puerta y lloró detrás de ella. Luego se levantó, puso música y terminó su historia: no está preparado para ir sólo al cine, no está preparado para caminar sólo.

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